ARRIYA, PESO LIGERO DE FESTIVAL
A los festivales de cine llegan cosas que nunca veremos en las salas. A muchos nos gustaría decir que es porque son apuestas arriesgadas, poco seguidoras de los cánones comerciales, innovadoras e, incluso, contestatarias con el sistema. Mentira. La mayor parte de las veces lo que vemos en los festivales no llega a las salas porque, simplemente, la calidad es muy baja. Eso es también lo bonito de estos eventos, es el lugar perfecto para poner en práctica el aprendizaje por “ensayo y error”.
Por eso, cuando una película logra emocionarnos o sorprendernos, aunque sea un poco, ya te deja un regustillo agradable que exaltaremos durante todo el año, más aún cuando tengamos noticias de un estreno inminente. Ese será el momento en el que la recomendaremos a amigos y conocidos que, engañados por nuestra escasa capacidad para relativizar, irán a verla y no volverán a hacer caso de nuestro criterio. Cosas de los festivales.