lunes, 31 de marzo de 2014

17 Edición del Festival de Cine de Málaga



…O 4 Edición de 24 Reflejos por Segundo en Málaga.

Debido a la fugacidad de nuestro paso por el Festival de Málaga (y a las dificultades que pusieron este año desde la organización a la prensa…), podemos reunir aquí una mini-crónica, muy personal, del certamen. Y no nos queda más remedio que comentar brevemente el ambiente general del festival. Así que empecemos…


Lo primero de todo, no puede faltar la crítica a la organización de este año, que ha incluido una burocracia de espanto para que la prensa pudiese organizar su programación. Un festival que siempre ha tratado de maravilla a los periodistas (¿quién no recuerda esa magnífica mochila de Nike?) y que este año ha dejado a las puertas de entrada de películas a varios medios.

          Lo segundo, el sol. El sol que siempre acompaña al Festival de Málaga y que este año no ha sido menos. Mucha gente en las calles con sus gafas de sol y su ropa veraniega, filas de gente esperando diferentes conciertos, fans que se agolpan en las puertas del cine y del hotel. El clima ha ayudado a crear una atmósfera muy positiva que nos hace, sin dificultad ninguna, sumergirnos en la muchedumbre que ha acudido al festival con ganas de ver cine español.

          Tercero, la programación. Con un nivel semejante a otros años (películas bien hechas pero sin ser del todo rompedoras o alucinantes), vemos lo que podemos (A Escondidas, Amor en su punto y Los Fenómenos,  quedándonos con muchas ganas de ver las grandes del festival: 10.000Km y Todos están Muertos.

         
El sábado, acudimos, sin duda, a lo más interesante que ofrece el festival, un encuentro del público con Pablo Berger, director de la conocida y multipremiada Blancanieves y la más discreta (pero no por ello menos interesante) Torremolinos 73. La entrevista es bastante informal, el periodista parece ser un amigo de siempre y Pablo Berger, muy en su salsa, nos habla con humor de su infancia, su carrera, su debut con el cortometraje Mama (1988) y su manera de trabajar, minuciosa y paciente (cada una de sus películas ha tardado en hacerse más de cinco años). Su devoción inagotable por el cine y su peculiar universo, influido por los cuentos para niños, los comics y las películas clásicas, nos dejan con ganas de ver más de él.

          Más tarde, nos dirigimos hacia el Teatro Cervantes, sede del festival. Ahí estrenan A Escondidas, de Mikel Rueda, su segundo largometraje después de Izarren Argia, que narra la historia de dos jóvenes de 15 años, un español y un inmigrante marroquí, que se encuentran por casualidad, empiezan a conocerse y se dan cuenta de que lo que sienten el uno para el otro va más allá de la amistad.

La historia es conmovedora y el actor Germán Alcarazu es muy prometedor, pero los acontecimientos son bastante previsibles y el ritmo de la película algo lento.

         
El domingo pudimos ver la nueva película de Leonor Watling. En Amor en su punto, de Teresa de Pelegrí y Dominic Harari, Oliver (el inglés Richard Coyle), periodista gastronómico, está en crisis. Le cuesta encontrar su media naranja, hasta que conoce a Bibiana (Watling), comisaria de arte española. Los dos sienten enseguida una atracción irresistible, pero tienen poco en común y les va a costar ponerse de acuerdo sobre varios temas, como por ejemplo, la comida.

En la conferencia de prensa, Teresa Pelegri comentó que la idea principal de la película era hablar de la comida como seña de identidad de las personas y como causante de conflictos que en el fondo esconden problemas más ocultos.

          Después de tanto amor, vimos una película más dura, Los Fenómenos, de Alfonso Zarauza, sobre la historia de una mujer (Lola Dueñas) que vive en una furgoneta con su hijo pequeño y que no tiene más remedio que ganarse la vida trabajando de peón. En un mundo doblemente de hombres, la protagonista intentará sobrevivir y acabará por conquistar a los habitantes de un pueblo de Galicia afectado por la crisis del ladrillo.

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