Corría el año 1996 cuando un prolífico guionista de series de Hollywood decidió dejar su vida en los Ángeles e instalarse en Santa Fe (Nuevo México). No era un hombre joven, a los 47 años nadie puede olvidar el peso de la edad sobre la espalda, pero sus ojos brillaban con el entusiasmo de un colegial.
Tenía una idea, una buena idea.