Howl es una película interesante porque siguiendo el camino que ya abriera I'm not there, presenta una biografía que no pretende sintetizar toda la vida del personaje, ni dar una interpretación cerrada de su obra. A través de la fragmentación del personaje en cuatro escenarios independientes, la película avanza, con un estilo que cabalga entre la ficción, el documental y el cine experimental. Sus directores, Rob Epstein y Jeffrey Friedman, tienen una trayectoria de documentales LGBT, y en Howl, su primera incursión en ficción, plasman esa herencia en la estética y estructura del filme.
