A veces, cuando escucho a algunos representantes de la Iglesia hablar sobre la familia,y sobre la importancia de conservar unos valores concretos que ellos llevan predicando de forma inamovible desde el tiempo de los Reyes Católicos, me planteo qué clase de vida creen que llevamos los demás. Los que sufrimos la desestructuración familiar y las tentaciones del diablo día a día en nuestras carnes. Me imagino a Isabel y Fernando, sentados amorosamente junto a la mesa del comedor, rodeados por los pequeños Juan, Isabel, Juana, María y Catalina, justo después de que su majestad la reina ayudara a las niñas con los deberes y Fernando se llevara a Juan de caza. Ningún escarceo, ninguna conducta fuera de lo estrictamente prescrito por la doctrina de la Iglesia. Y del otro lado, mi casa, la viva imagen de Sodoma y Gomorra. Tres mujeres viviendo solas, sin un hombre que las controle, ¡HORROR!