
Gala Oscar 2008. Natalie Portman presenta el premio a mejor fotografía junto a un greñudo y barbudo Ben Stiller, con gafas de sol y chicle, que hablaba en murmullos y decía estar harto de “ser el tío gracioso”. El teatro reía con la imitación. Joaquin Phoenix contemplaba su propia parodia desde un ordenador a oscuras en su casa.