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jueves, 26 de enero de 2012

Personajes: Leo y yo

Las razones que me llevan a escribir este artículo no tienen nada que ver con los suspiros adolescentes que se escuchaban en las salas de cine cuando la cara de Jack, bien grande en la pantalla, se acercaba hacia la de Rose para susurrarle al oído “¿confías en mí?” y los dos enamorados se besaban encaramados a la barandilla del Titanic. Mi cariño hacia Leonardo DiCaprio empezó mucho después de todo eso, después de la fiebre 'Titanic'  y de que la foto de este actor estadounidense colgara de la pared de toda quinceañera.


Bueno, quizás esto no es del todo cierto. Quizás Leo también colgó de mi pared algún día. Pero lo que hoy me empuja a escribir sobre él es que cuando todo el fenómeno “Leo-manía” se esfumó, lo que quedó fue un señor actor con una grandísima capacidad expresiva que, en mi opinión, nos ha dejado algunas de las mejores interpretaciones del cine de los últimos años. Y es que, puede que por reminiscencias de mi yo adolescente, o puede que por llevar la contraria a aquellos que afirman que un actor con cara bonita no puede ser un actor serio, defender el trabajo de Leonardo DiCaprio se ha convertido en mi caballo de batalla en las conversaciones sobre cine. Aquí van mis argumentos.