Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas. El autor de la frase probablemente no había visto el remake de “Battlestar Galactica”, sino tendría que comerse sus palabras. Es lo que tienen las afirmaciones taxativas.

Hagamos un poco de historia. Corría el año 1978 cuando los estudios Universal, de la mano de la cadena ABC, decidieron embarcarse en un proyecto audaz: crear una serie de televisión de ciencia ficción ambientada en el espacio. Probablemente vieron en esta temática un buen filón después del sonado éxito en cartelera de Star Wars (1977). Pero claro, si quieres competir con los efectos especiales más revolucionarios de las últimas décadas, el presupuesto no puede quedarse corto. La primera “Battlestar Galactica” contaba con la revolucionaria cifra de 1 millón de dólares por episodio, lo que la convirtió en la serie más cara rodada hasta la fecha. Tanto presupuesto dio sus frutos, y la primera temporada de la serie consiguió enganchar a una buena legión de fans de la ciencia ficción. Una primera temporada que, por cierto, abría y cerraba el argumento. Por eso pocos comprendieron la necesidad de una segunda, que por desgracia llegó, y consiguió alimentar las peores pesadillas de los fans durante algunos años.