A veces la forma más sencilla de introducirnos en los temas complejos es hacerlo a través de una fábula. Así se educaba hace mucho tiempo a los niños pequeños y así trata Nadine Labaki de aproximarnos a una cultura y un contexto que a muchos nos queda muy lejos. Como ya lo hiciera con Caramel, su primera película, la directora libanesa logra, una vez más, poner en evidencia las similitudes existentes entre tan amplia diversidad.