
Para muchos, Friday Night Lights no es más que una serie de niños de instituto, de aquellas que se instalaran en nuestras casas de la mano de Dawson Crece o The O.C. (o quizá de esas que no se van ni a patadas, como One Tree Hill). No voy a entrar a valorarlo, porque creo que tiene similitudes y diferencias con los ejemplos anteriores a partes iguales.
Si algo me ha llamado la atención de esta serie, típica en sus formas aunque muy diferente en el tratamiento (especialmente en el montaje y la realización), es el retrato que hace de una parte de la sociedad americana muy alejada de las mansiones de Orange County. Friday Night Lights tiene lugar en Dillon, una pequeña ciudad de Texas. Allí no hay grandes espectáculos ni una vida nocturna desenfrenada. No hay playas kilométricas en las que lucir los tipos al sol. En Dillon sólo hay una cosa: fútbol americano.
Si algo me ha llamado la atención de esta serie, típica en sus formas aunque muy diferente en el tratamiento (especialmente en el montaje y la realización), es el retrato que hace de una parte de la sociedad americana muy alejada de las mansiones de Orange County. Friday Night Lights tiene lugar en Dillon, una pequeña ciudad de Texas. Allí no hay grandes espectáculos ni una vida nocturna desenfrenada. No hay playas kilométricas en las que lucir los tipos al sol. En Dillon sólo hay una cosa: fútbol americano.
