domingo, 30 de octubre de 2011

El Ilusionista: cine con pocas palabras

Las películas de animación desde hace algunos años han comenzado a ser objeto de devoción de los adultos. Desde que Pixar llevó a la pantalla historias como la de Nemo y Wall-e la animación ha tomado un nuevo rumbo. Películas en las que los mayores de la casa disfrutan mucho más que los niños y niñas. Y El Ilusionista es otra de esas películas de animación dirigida especialmente a un público adulto.


Sylvain Chomet ha sido el encargado de llevar a la pantalla la historia de ‘El Ilusionista’.  Siempre dedicado a la escritura y la animación, se dio a conocer primeramente por sus novelas gráficas y en la década de los 90 empezó en el mundo audiovisual de la mano de La vieille dame et les pigeons y más tarde con la conocida Bienvenidos a Belleville. Tras participar en Paris, je t’aime regresa a la animación con ‘El Ilusionista’.

Es la historia de un hombre que trabaja en el mundo del espectáculo, un mundo complicado, mal pagado y muy vocacional. Una vida nómada en busca de un público dispuesto a disfrutar con su magia que le llevará a Londres y Edimburgo. Finalmente, en Escocia, conoce a Alice. Una joven humilde  e inocente que le hará compañía y le dará esperanza al ver que aún puede hacer feliz a las personas a través de su trabajo.

Londres 1959
Chomet sorprende con una recreación milimetrada de cada uno de los escenarios. El París de 1959, sus teatros; Londres, el Parlamento, sus calles y Edimburgo. Para aquellos viajeros que conozcan estas ciudades sentirán la perfección y la belleza de estas ciudades que, a ojos del director, son completamente deslumbrantes. Una película donde la palabra apenas tiene cabida. La música y el silencio son los protagonistas que acompañan y acompasan el proceso de descubrimiento de Alice y el Ilusionista.

El Ilusionista, un hombre mayor y que percibe la decadencia de su profesión, encuentra en Alice la manera de luchar por mantenerse activo. Pasará por trabajos de todo tipo para poder ofrecer a su nueva compañera todo lo que desee hasta descubrir que su ‘magia’ no está hecha para un mundo centrado en el consumo y el bienestar. Las salas cada vez están más vacías,  los artistas pierden su reconocimiento y viven con lo justo para soportar el día a día.

Alice se ha convertido en lo que quería (Edimburgo).
Alice, sin embargo, descubre en el Ilusionista la ‘magia’. Con él recupera la esperanza de que ‘todo es posible’. Una joven de un pueblo rural de Escocia acaba en Edimburgo junto a este ‘mago’ que para ella lo es todo. Una persona que la cuida y la protege y que, además, la concede todos los caprichos que desea. Primero unos zapatos, después un abrigo, luego un vestido y…y al final, la tristeza de saber que eso no da la felicidad, que todo supone un sacrificio y todo tiene un precio. Alice descubre que ‘los magos no existen’ y que la vida es mucho más dura.

Pero también hay personajes que consiguen amenizar semejante dramón: un cantante al estilo Elvis, pero en rubio, por el que las jovencitas se vuelven locas y que demuestra la locura del artista arriba del escenario y, el gran ‘escocés’ que invita al Ilusionista a asistir a un pub en la zona rural escocesa (donde conoce a Alice) que consigue que en cada una de sus apariciones el espectador dibuje una sonrisa: culpa del alcohol, su faldita a cuadros y su actitud simpaticona.

Una historia triste, bella y muy tierna que desde luego no es recomendable para niños. Así que, véanla, saquen sus conclusiones y comenten.

2 comentarios:

  1. Gran bofetón final el de la película!Cuando acabó sólo quería que ningún niño hubiese en la sala ( y sí había)...Eimburgo sale perfecto, igual salí más triste por eso :_(

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  2. como la ví con algo de fiebre, me dio una impresión algo rara. Me gustó mogollón el estilo de los dibujos, tanto, que a veces me despistaba de la historia. El final me parece demasiado gore en relación a todo lo de antes, aunque yo cuando lo pasé realmente mal fue cuando parecía que se iban a comer al conejo :P

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