lunes, 28 de febrero de 2011

¡POR FAVOR! ¡Que alguien mate a ese niño!


-O COMO UN NIÑO PUEDE DESTROZARTE UNA SERIE-


El otro día estaba viendo El Barco, la nueva serie de Antena 3 que pretende ser heredera de El Internado. En una escena de máxima tensión, a la insufrible niña de seis años, hija del capitán, no se le ocurre otra joya que decir: "Papa, ¿cuándo me van a crecer las tetas?". Ese es uno de esos clásicos momentos en el que te llevas las manos a la cara, sufres de vergüenza ajena y te te dan ganas de gritar: ¡POR FAVOR! ¡Que alguien mate a esa niña!

En España tenemos, desde allá por el s.XVI, un amor casi enfermizo por llenar nuestras creaciones de niños. Desde el Lazarillo de Tormes y El Buscón hasta nuestros días, pasando por Joselito y Marisol, nuestra cultura está llena de mitos populares en forma de niños, que de adorables acaban rayando lo repelente. Las series de ficción de nuestro país no son una excepción. Desde que Farmacia de Guardia y Médico de Familia revolucionaran el mundo de la ficción televisiva española, los niños han sido un componente básico en las producciones de mayor peso en nuestro país.

Tradicionalmente, los niños han sido la imagen de la inocencia, la forma más pura y naive de mostrar las historias que tenían lugar en la ficción, una manera de dulcificar las tramas. En las series familiares, el papel de los niños estaba justificado por su presencia en el hogar y sus tramas solían estar muy relacionadas con las de los abuelos. Ahora, cuando la ficción de nuestro país intenta buscar camino más segmentados y alejados de esa fórmula tradicional, los niños han ido asumiendo otro tipo de misiones, convirtiéndose en verdaderos lastres para los guionistas.

LOS NIÑOS EN LAS TRAGICOMEDIAS FAMILIARES

Farmacia de Guardia y Médico de Familia son las series más vistas de nuestro país hasta la fecha, con cerca de once millones de espectadores en sus últimos capítulos. Las dos eran series sobre familias y para familias, en las que personajes de diferentes generaciones convivían y se relacionaban entre sí. Esto hacía que, desde el niño más pequeño hasta el mayor de los abuelos tuviera interés y empatía con alguna de las tramas tratadas. Guille y Chechu eran niños simpáticos y algo traviesos, unos de los primeros que marcaron una época en nuestra televisión y en nuestras conciencias colectivas, tan influidas por Piraña y compañía. Desde ellos hasta hoy, pasando por Curro en Los Serrano, el estereotipo del niño de familia en las series se ha ido repitiendo, alejándose más bien poco del patrón.

Cuéntame, Los Protegidos o Aída son también ejemplos de estas historias sobre familias y para familias, tragicomedias familiares que nos cuentan la vida y milagros de los Alcantara durante la dictadura franquista y la transición, las aventuras de los Castillo Rey y sus poderes en Valle Perdido y las penas de los García en el barrio de Esperanza Sur. En este tipo de series, el papel de los niños se mantiene muy ligado al original y su función principal está en aportar los detalles cómicos y tiernos a unas tramas que oscilan entre el drama y la comedia. Igual que los niños de Los Serrano, los niños de estas series tienen aventuras que se ligan de forma estrecha con las del resto de la familia y, muchas veces, implican el transcurso de los capítulos en conjunto.

Aunque Jonathan (Aída) y Carlitos (Cuéntame) ya se han hecho mayores, todos recordamos su esencia temporadas atrás: niños trastos, simpáticos, divertidos y, en el fondo, buenos. El caso de los niños de Los Protegidos es, probablemente, el más claro de todos. Carlitos y Lucía tienen unos siete años y, encima, tienen poderes. Mezcla explosiva para dar pie a multitud de tramas y momentos divertidos y tiernos.

LOS NIÑOS COMO LASTRE EN LA NUEVA FICCIÓN

En los últimos años, la ficción española ha intentado avanzar hacia nuevos géneros y nuevas formas, que incluyan más acción, más suspense, más aventuras... Series como El Internado, Águila Roja o El Barco se han esforzado por suponer una diferencia y un paso al frente en el panorama de las series españolas. Sin embargo, aún conservan lastres de la clásica tragicomedia familiar española, especialmente en forma de niños. Es aquí cuando alguien grita: ¡POR FAVOR! ¡Qué alguien mate a ese niño!

Para empezar, porque su presencia no es imprescindible para el guión y, en muchos casos, ni siquiera está justificada. Marcos, de El Internado, no necesitaba una hermana pequeña (de hecho, puede que fuera la hermana el motivo por el que acabó siendo tan odiado). Gonzalo, el maestro de Águila Roja, podría haberse pegado igual con el Comisario sin tener un hijo y Valeria, la niña de El Barco, parece haber sido creado sólo y únicamente para pasearse en bici por cubierta y bautizar cerdos.

Los niños de las series familiares son un elemento más, indispensable, de esas familias a las que representa. Los niños en este tipo de series, más "de género", son un intento por limitar el riesgo que asumen sus guionistas, por dulcificar tramas más oscuras y por intentar atraer a un público que no se siente atraido por el estilo global de la serie.

Los niños no son un lastre para las series como tal. Ahí está el brillante ejemplo de Walt, en Perdidos, indispensable para mostrar una faceta más de ese espíritu destructivo y de misterioso que rodea a la isla. El problema lo encontramos cuando, en torno a los niños, se crean tramas aisladas, específicas y descontextualizadas del hilo conductor general de la serie. ¿Qué importa para los misterios de El Internado que Paula y Evelyn tenga un pececito nuevo? ¿Y para la vida en El Barco que a Valeria se le pinche una rueda de la bici? Sólo hay que darse una vuelta por Facebook para ver la gran cantidad de grupos y páginas que piden abiertamente la muerte de estos personajes infantiles para darse cuenta de que no son muy bien recibidos.


¿CÓMO HACERLO BIEN?

Duna, de Ángel o Demonio, es uno de los personajes mejor valorados de la nueva serie de Telecinco. La niña, de diez años, es uno de los protagonistas más seguidos en las redes sociales y de los más alabados por los seguidores. ¿El secreto? Duna no es una niña, es un demonio de 600 años y se comporta como tal. Nada de historias ñoñas y dulces para mostrar la inocencia y el lado más amable. Todo lo contrario. El personaje de Duna sirve para hacer más crudas e incluso más violentas las tramas. Y muchos espectadores, cansados ya de las historias cursis y repelentes de algunos de estos niños de ficción, han respondido muy bien a estas innovaciones.


Parece que los niños y las series son un binomio inseparable, una ecuación cuyos términos son indispensables para el resultado final. Pero eso no quiere decir que tengamos que seguir aún agarrados a esa herencia de las series familiares. Al contrario: arriesgar suele ser sinónimo de avanzar. Más rápido o más despacio, pero avanzar al fin y al cabo. El día en el que El Barco conseguirá dar el paso que no logró El Internado será el día en el que la niña caiga por la borda, en el sentido más literal posible. Eso sí que dará lugar a un drama en toda regla y no los tiempos de crecimiento de sus tetas.

6 comentarios:

  1. Jajaja. No te preocupes, Bea, que en el momento exacto le enseñaré a tus hijos lo que escribías sobre los niños con 22 años, jajaja. Desde luego, lo que tengo claro es que nunca te voy a dejar a mi hija en un barco porque parece que el vaivén de las olas te pone ligeramente violenta!!!

    ResponderEliminar
  2. jaaaaaaaaaaajajaja muy interesante la reflexión jajaja.Y sí, Valeria merece morir!!! (no mi Valeria, of course...).

    ResponderEliminar
  3. Bien, llegado el momento de la verdad sólo queda decir que: DUNA ES CASTAÑA! Y me das la razón con la foto que has puesto. Me ha encantado tu reportaje ;D Sólo añadir que la mayoría de niños prodigio de las primeras series españolas han sido un auténtico fracaso de adultos, sobre todo en elc aso de Médico de Familia y Farmacia de Guardia...

    ResponderEliminar
  4. Eso es la iluminación, es claramente rubia! Mira estas fotos!
    http://www.todotele.com/wp-content/uploads/2010/12/duna.jpg
    http://img.fandemia.com/2011/02/24167_carmen-sanchez-en-angel-o-demonio.jpg

    Tienes toda la razón con lo de que son un fracaso, pero eso son los actores. Yo a quien quiero matar es a los personajes. xD

    ResponderEliminar
  5. Veo un odio irracional a los niños jajajajaja en el primer capítulo de Ángel o Demonio también hubo un odiado niño si no recuerdo mal...si te das cuenta además en la series americanas (excepto Modern Family) los niños suelen ser o bebés o casi ya adolescentes...el cupo de edad entre 4 y 14 años está poco representado... aquí es que seguimos siendo costumbristas hija...

    ResponderEliminar
  6. Me encanta el artículo. Y para poder decir la frase: Por favor ¡qué maten a ese niño! os recomiento una película en la que deverdad queréis que eso ocurra: ¿Quién puede matar a un niño? De Narciso Ibañez Serrador.
    Si os gustan las películas de miedo, para mi, una de las mejores. Rubén.

    ResponderEliminar