lunes, 4 de enero de 2010

Poliamantes

Un hombre y una mujer se están acostando. Tras el breve polvo, él deja dinero sobre la mesilla de ella y se marcha. Unos segundos más tarde, él entra en otra casa, besa a otra mujer y ésta le pregunta que qué tal su día. Así comienza Big Love, y así se nos presentan nuestros propios prejuicios al dar por supuesto que la primera mujer es una prostituta y la segunda la esposa del protagonista. Un poco avergonzados, nos damos cuenta de que ambas son las esposas y, que, junto a otra tercera, forman la familia de Bill Henrickson.

Big Love cuenta la historia de unos polígamos mormones que viven en Salt Lake City, Utah. Las tres esposas de Bill tienen sus casas contiguas que se comunican a través del patio trasero, ya que su forma de vida no es ni legal ni conocida por los vecinos.
Sin dar moralejas ni falsas lecciones, la serie se adentra en situaciones habituales tales como los celos, el poder, la infidelidad, las relaciones padres-hijos, etc, pero todo desde una visión distinta, ya que parte de una estructura familiar poco común y nada tratada en pantalla, que creará conflictos curiosos e incluso paradójicos: infidelidades con la propia esposa o misma edad entre hijos y madres.



La religión, aunque sea un tema bastante secundario en el círculo en el que nos movemos, en muchísimas otras sociedades, es parte esencial de sus vidas. Aquí se demuestra tanto la armonía como el desequilibrio que ésta puede crear y la gran influencia que llega a tener, a distintos niveles, sobre todos los personajes.
La serie se centra, a su vez, en el oficio de Bill, donde se mezclan los negocios con los rencores familiares, presentándonos de esta manera a Roman Grant, el profeta del campamento de Juniper Creek, una especie de El Padrino que mantendrá una lucha constante de poder con el protagonista.



El único fallo que le encontraba a Big Love era la horrible banda sonora que tenía. Únicamente se salvaba el God Only Knows de los títulos de crédito, porque en lo que a los episodios se refiere, siempre se escogían canciones horribles que no pegaban para nada con el momento. El máximo ejemplo sucede cuando empieza a sonar Girlfriend de Avril Lavigne en la escena en la que por fin se besan dos de los protagonistas. Los creadores han debido darse cuenta de este fallo, porque a partir de la tercera temporada, hay un nuevo productor musical: Anton Sanko. Éste se ha dedicado a crear su propia música en vez de incluir canciones ya trilladas para estos casos (como el Hallellujah). Su banda sonora se basa en una melodía de piano y violines que recuerda mucho a la de Philip Glass de Las Horas, para mi gusto, una de las mejores del cine.


Por lo tanto, una vez solucionado el gran error de la serie, espero ansiosa el regreso de la cuarta temporada de Big Love.

2 comentarios:

  1. Pues ya sabes que la tienes lista en tres días.

    ResponderEliminar
  2. Necesito un empujón para ver esta serie. ¿De verdad está bien? Es que tengo el prejuicio de que va a ser demasiado culebrón para mí...

    ResponderEliminar